Depresión infantil

La depresión es un trastorno psicológico complejo, con una sintomatología propia no equiparable a la del adulto y especialmente relacionada con problemas de conducta, de ahí el nombre de DI enmascarada. Sus características principales son:

  • Estado de ánimo irritable y/o disfórico.
  • Desmotivación y disminución de la conducta adaptativa.

Otros síntomas son:

  • Llanto fácil.
  • Baja autoestima.
  • Aislamiento social.
  • Alteraciones del apetito y en consecuencia, del peso.
  • Alteraciones del sueño con predominio del insomnio.
  • Dificultades de concentración.
  • Ideas suicidas.

Según el DSM-IV-TR, para su diagnóstico se requiere una duración mínima de los síntomas principales, que deben presentarse con frecuencia prácticamente diaria al menos durante catorce días. Los síntomas afectan significativamente en el área social y escolar de la vida del menor y cambian en función de las distintas etapas evolutivas.:

  • Edad preescolar: Rechazo del juego, agitación, timidez, crisis de llanto, encopresis, insomnio, hiperactividad y dificultades para alimentarse.
  • Edad escolar: Irritabilidad, inseguridad, resistencia a jugar, timidez, dificultades en el aprendizaje, enuresis/encopresis, onicofagia, terrores nocturnos, crisis de llanto y gritos.
  • Adolescencia: Rumiación, impulsos suicidas, abatimiento, sentimiento de inferioridad y cefalea.

Existen varios marcos teóricos que intentan explicar el origen de la DI:

  • Conductual: A través de la ausencia de recuerdos (Lázarus), deficiencia de habilidades sociales y acontecimientos negativos ocurridos en la vida del niño.
  • Cognitivo: La existencia de juicios negativos (Beck), experiencias de fracasos, modelos depresivos (Bandura), etc.
  • Biológico: Por una disfunción del sistema neuroendocrino, por una disminución de la serotonina y por efectos de la herencia.

En la actualidad se admite una compleja interacción de distintos factores, tanto de carácter biológico como social, que sirven de base a la aparición de las distintas conductas normales y patológicas. Es necesario que se de una cierta vulnerabilidad personal, familiar y ambiental que, combinadas, den lugar a la aparición de una conducta desajustada. En el caso de la DI, los elementos que suponen una vulnerabilidadd son de naturaleza biológica, personal, social y demográfica (Del Barrio, 1997).

El tratamiento de la DI ante todo debe ser individualizado, adaptado a cada caso en particular y a la fase del desarrollo en que se encuentra el niño en base a su funcionamiento cognitivo, su maduración social y su capacidad de mantener la atención. Debe involucrar de manera activa a los padres y realizar intervenciones hacia el entorno del niño (familiar, social y escolar).

La terapia cognitivo-conductual se basa en la premisa de que el paciente deprimido tiene una visión distorsionada de sí mismo, del mundo y del futuro. Tales distorsiones contribuyen a su depresión y pueden identificarse y tratarse con esta técnica.

El tratamiento combinado, que incluye fármacos y terapias psicológicas, ha demostrado ser lo más adecuado en la actualidad.