Miedos infantiles

El miedo constituye un primitivo sistema de alarma que ayuda al niño a evitar situaciones potencialmente peligrosas. Es una emoción que se experimenta a lo largo de la vida, aunque las situaciones temidas varían con la edad. El desarrollo biológico, psicológico y social, propio de las diferentes etapas evolutivas (infancia, adolescencia, et.), explica la remisión de unos miedos y la aparición de otros nuevos para adaptarse a las cambiantes demandas del medio (Pelechano, 1981). Los miedos son muy frecuentes durante la infancia, de modo que prácticamente todos los niños refieren al menos un temor importante (Sandin, 1997). Sin embargo, el miedo puede llegar a constituir un trastorno fóbico, generando un malestar clínicamente significativo y repercutiendo negativamente en el área personal, familiar, escolar y/o social. Afortunadamente, los miedos desproporcionados y desadaptativos son menos habituales, aceptándose que el índice de fobias en la infancia no sobrepasa el 8% (King, Hamilton y Ollendick, 1994).

Numerosos estudios muestran que entre el 30% y el 50% de los niños presentan uno o varios miedos intensos. Consistentemente aparecen diferencias de género y edad, encontrándose que las niñas puntúan por encima de los niños en los inventarios de miedo, de la misma manera que los niños de ambos sexos obtienen puntuaciones superiores a los adolescentes.

CAMBIOS EVOLUTIVOS:

  • PRIMER AÑO: En la primera etapa de la vida, los niños presentan miedo a estímulos intensos o desconocidos, como ruidos fuertes y personas extrañas.
  • HASTA LOS 6 AÑOS: Sus temores están relacionados con animales, tormentas, oscuridad, seres fantásticos como brujas o fantasmas, catástrofes y separación de los padres.
  • A PARTIR DE LOS 6 AÑOS: Tienen miedo al daño físico, al ridículo y, algo más tarde, a las enfermedades y accidentes, al bajo rendimiento escolar y a las desavenencias de los padres.
  • DE LOS 12 A LOS 18 AÑOS: Predominan los miedos que tienen que ver con las relaciones interpersonales y la pérdida de la autoestima. (Echeburúa, 1993, Méndez, Inglés e Hidalgo, 2002).

Normalmente, a medida que los niños van cumpliendo años, sus miedos físicos (animales, tormetas, etc.) disminuyen, mientras que se acentúan los miedos sociales (ridículo, rechazo, hablar en público, et.).

En general, los miedos pueden ser descritos como fenómenos normales y los asociados con la edad tienden a considerarse transitorios y de corta duración. Sin embargo, en una proporción de niños y adolescentes, pueden convertirse en crónicos debido al condicionamiento, modelado e información negativa.